¿Puede el branding influir en la arquitectura?

Muchos dirían que sí, otros que no tanto.

Porque no se trata de que una tipografía cambie una estructura, pero sí puede cambiar algo igual de importante: la forma en que entendemos el proyecto.
El tono, la intención, la atmósfera.
Y entonces ocurre algo interesante.
Cuando se presenta un edificio, nuestra mente suele llenarse de cifras, plazos, materiales, metros cuadrados.
Las ventas y la imagen suelen dejarse para el final, cuando ya hay algo físico que mostrar.
Pero ¿qué pasa si le damos la vuelta al proceso?
Si en vez de esperar al edificio…
le damos una identidad desde el diseño.
Ahí es donde el branding deja de ser un adorno y se convierte en una brújula.
Una herramienta que permite visualizar quién será ese edificio, cómo hablará, qué transmitirá y qué lugar ocupará en la vida de las personas.
Una forma de anticipar su carácter y volverlo tangible mucho antes de poner el primer ladrillo.
En Carranza Studio aprendimos que esa coherencia lo cambia todo.
Porque un proyecto no se cuenta solo en su fachada o en una valla,
sino en los parqueaderos, en la señalética, en la comunicación interna…
en esos detalles que casi nadie nota pero que todos sienten.
Ahí, en los elementos más pequeños, es donde un edificio revela su espíritu.
Y donde entendemos que la arquitectura y el branding, lejos de ser mundos separados, se encuentran para darle vida a una historia completa.
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